Un emprendedor no fracasa

Javier RepresasUna de las mayores diferencias entre mercados anglosajones y el nuestro en temas de emprendimiento se encuentra en la valoración que se hace del fracaso, o más concretamente del emprendedor que fracasa. Es una lucha que sigo ya hace un par de décadas, y aunque hemos avanzado algo, la sociedad sigue estigmatizando a quien le ha ido mal un negocio, al fracasado, sin más. Al margen de la simpleza con la que se utiliza aquí el término, en un todo o nada en el que o arrasas o fracasas, el antagonista del triunfador es el perdedor como contraposición al éxito, y no con la acepción del looser, el perdedor que lo es más bien por no intentarlo, el que por cobardía, miedo o incapacidad no se pone al timón de su vida (muy anglosajón también) o al frente de su proyecto, más de por aquí.

Hace tiempo que he llegado a la conclusión de que la primera causa de esta confusión brutal y simpleza de análisis radica precisamente ahí, en que nuestra sociedad no está habituada a analizar prácticamente más allá del resultado. Para familia, amigos, vecinos o conocidos, te va bien o mal… y no pases de ahí, porque hablar de riesgos asumidos, de análisis de mercados, estrategias inadecuadas, regulaciones o factores externos, sonarán a excusas del fracasado. En sentido contrario, de los que triunfan, poco más podrás oír decir que “le va muy bien”, porque no sólo siguen sin las herramientas para analizar el porque sí o porque no, sino que tampoco les importará mucho más, no hay una cultura emprendedora ni un mínimo interés para extraer lecciones ni de uno ni de otro caso.

Y así las cosas, seas legal o ilegal, fracases por incapacidad o triunfes de casualidad, sean el mérito o la culpa tuyos o compartidos, el análisis final de tu desempeño emprendedor fuera de tu entorno laboral se quedará en “la va muy bien” o “le ha ido muy mal”. Prepárate si estás en este segundo grupo. No me resisto a incidir en lo de entorno laboral, no cercano, ni familiar… ni padres, ni hermanos, ni pareja, ni amigos, ni siquiera íntimos, van a reconocerte más allá del trabajo o esfuerzo dedicado. Un emprendedor que fracasa, aún en el más liviano proyecto a tiempo parcial o aún impulsado por simple entretenimiento, pierde hasta el voto. No sabe. Su opinión vale como mucho la mitad. Se queda en tierra de nadie, resignado a recibir mensajes de ánimo y consolación, lejos de una merecida comprensión. De lo mejor que he oído de alguno, es que era un visionario; siguiente escalón iluminado, espabilado, listillo y  ya bajando por todos los niveles hasta desnudarlo intelectualmente de cualquier capacidad. Un tonto de capirote que se la pegó y bien, normal. – ¿A qué se dedicaba?  – A algo de internet.

Si lo vuelve a intentar, un loco. Si vuelve a fallar, se incrementa el grado y se le baja la credibilidad si le quedaba alguna. Y así hasta que se quite el sambenito triunfando, que será la única salida digna para restituirle la conducta. Conozco profesionales brillantes, que con proyectos de primera línea han llegado a integrarse en compañías líderes en sus sectores, y sufren esta absurda forma de juzgar. Me confiesan que  lejos de considerarlo un éxito, en su entorno más cercano la sensación es de alivio: no valían para emprender.

Un emprendedor sabe perfectamente que asume un riesgo, y aunque habitualmente lo tasa muy por debajo del real, tiene bastante claro que la tarea será complicada, que estará llena de trabas, obstáculos, incertidumbres y factores internos y externos y que la probabilidad de que se vaya al traste es elevada. El que lo sabe, aún fallando en su intento, no se deja nada atrás: acertaba al saber que podía fallar, trabaja, apuesta, pierde y en cualquier caso gana. Gana cuando aprende, gana al adquirir capacidades nuevas, de tipo técnico como gestión, organización, producción, tecnología, pero también en capacidades personales, la más habitual, resiliencia.

Independientemente de lo que ocurra con el proyecto y su salida, un emprendedor no fracasa.

Javier Represas

 

Juntas on line con valor legal

María Jesús RepresasEl pasado viernes 5 de febrero, con ocasión de la celebración del Investors Day organizado ViaVigo, tuve la oportunidad de conocer algo más sobre un  interesante proyecto, Councilbox, que ha tenido en cuenta a la hora de desarrollar su aplicativo la reciente modificación de la Ley de Sociedades de Capital.

El nuevo Texto Refundido de la Ley de Sociedades de Capital, con el objetivo de mejorar el gobierno corporativo, en su artículo 245 exige que el Consejo de Administración se reúna una vez al trimestre; a estas reuniones hay que añadir la obligada Junta General de accionistas (artículo 164) así como todas aquéllas Juntas Extraordinarias, que no siendo de obligada celebración, puede celebrarse en cualquier momento o cuando así lo requieran los accionistas titulares de al menos un 5 % del capital social.

logotipo-councilboxTeniendo en cuenta las precitadas modificaciones, así como la deslocalización y globalización del tráfico jurídico mercantil, en la que tanto directivos como socios se encuentran en distintos países, Councilbox presenta la posibilidad de celebrar juntas de accionistas, juntas de dirección y consejos de administración mediante la participación por videoconferencia, con voto electrónico, actas y registros, todo ello con absoluta validez legal.

El sistema funciona registrando todo el acto: el quórum, los debates, orden del día, documentos que se vayan presentando, etc.; posteriormente se certifica a través de una firma especializada en certificación de comunicaciones electrónicas que actuará como tercero de confianza, registrando su celebración y custodiando todo el proceso de celebración.

Como decía, un interesante proyecto nacido de la mano de tres compañías del tecnológico gallego que tratan de adaptar las exigencias legales a la nueva sociedad en la que vivimos, ofreciendo en este caso a sociedades y empresas herramientas que facilitan el cumplimiento de éstos requisitos legales al tiempo que proporcionan una enorme funcionalidad.

Un proyecto a seguir.

Más info en www.councilbox.com

María Jesús Represas
Área Legal

 

 

El desarrollo tecnológico en el ámbito sanitario. Aspectos básicos.

mcv_blancotexto_120La revolución tecnológica que nos rodea ha sido especialmente importante dentro del ámbito sanitario, son múltiples las aplicaciones dentro de este campo, se ha abierto un abanico de nuevas posibilidades en torno al paciente y su cuidador, a la enfermedad y a su tratamiento.

En lo referente al paciente y a su entorno, nos encontramos básicamente con dos lineas de actuación, por un lado las nuevas tecnologías nos permiten tener dispositivos fácilmente manejables y poco invasivos que les permiten obtener en su domicilio datos muy fiables para el autocontrol, desde los ya habituales glucómetros a auténticos procesadores de datos que obtienen información de manera no invasiva (1); y por otra parte se están desarrollando múltiples apps enfocadas a prevención, información, y/o adherencia a tratamientos sobre diversas patologías o grupos de población (2) a la vez que se desarrollan plataformas on line para obtención de información sobre su enfermedad y el intercambio de experiencias y datos con otros usuarios y profesionales (3).

En cuanto a las patologías propiamente dichas, las nuevas tecnologías han permitido identificar el origen genético, localizar biomarcadores y dianas terapéuticas (4), innovadores sistemas de edición genética como el CRISPR, que se ha convertido en una herramienta de tal eficacia, versatilidad y facilidad que ha puesto la modificación del ADN –incluido el humano— al alcance de cualquier laboratorio de genética (5). La nanotecnología ha aportado espectaculares avances en cuanto a diagnóstico y detección, reduciendo costes a los sistemas sanitarios y molestas intervenciones a los pacientes (6).

Por último fijémonos en la Industria Farmacéutica, vista la elevada inversión económica que supone la obtención de nuevos tratamientos que se basan en la aplicación de nuevas tecnologías, se hace impensable el poder seguir innovando si no existe una estrecha colaboración entre industria farmacéutica, administraciones y grupos de investigación. Cada vez es más habitual la asociación entre empresas del sector para el desarrollo de nuevas lineas de investigación, que habiendo nacido en equipos de trabajo en Universidades que no cuentan con recursos económicos suficientes de las Administraciones Estatales. Es por tanto imprescindible la figura de la inversión privada para el desarrollo de nuevos tratamientos. En España, además, hay un elevado potencial investigador y contamos con empresas reconocidas a nivel internacional en ámbitos tecnológicos con elevado capital humano pero con graves problemas de financiación (7).

  1. Un gádget para vigilar la salud a través del sudor.
    El Mundo 27-01-2016
  2. Informe 50 mejores APPs de salud en español (PDF).
    The App Date
    UVE Máster ayuda a la decisión diagnóstica para la Uveítis.
    Zarpamos 23-12-2015
  3. Patients like me
    Babylon
  4. Investigan una proteína para mejorar la eficacia de la quimioterapia contra el cáncer.
    El Ideal 17-01-2016
  5. ¿Es éste biólogo el próximo nobel español?.
    El País 22-01-2016
  6. Y con CRISPR llegó la revolución.
    El País 21-12-2015
  7. Cantera de empresas nacionales innovadoras.
    20Minutos.es

Mª del Mar Represas
Lda. en Farmacia
Adjunta a Dirección

¿Qué se entiende por inversión extranjera en España?

María Jesús RepresasEl Real Decreto 664/1999 de 23 de abril sobre Inversiones Exteriores, traslada a la legislación española los principios de plena libertad de movimientos de capital y pagos entre los Estados miembros de la Unión, como entre estos y terceros países proclamados en el Tratado de Maastricht.

El criterio que establece el precitado Real Decreto para determinar quién puede ser titular de una inversión extranjera es el de residencia, es decir, se consideran inversiones extranjeras las realizadas en España por personas físicas no residentes en España, así como las inversiones extranjeras realizadas en España por personas jurídicas o entidades públicas que tenga su domicilio en el extranjero. Se establece por tanto un criterio de presunción, de tal modo que se considerará residente en España a las personas físicas de nacionalidad española y a las personas jurídicas con domicilio en España salvo prueba en contrario.

En lo que respecta propiamente al concepto de inversión extranjera, considera inversión extranjera la realización de cualquiera de las siguientes operaciones:

i) la constitución de sociedades
ii) la suscripción total de acciones o participaciones sociales
iii) la adquisición de valores que por su naturaleza den derecho a participar en el capital social o por los que se adquieran derechos políticos
iv) la participación en fondos de inversión inscritos en la CNMV
v) la adquisición de inmuebles cuando el importe total supere los tres millones de euros
vi) la constitución o participación en cooperativas, comunidades de bienes o fundaciones cuando el importe total supere los tres millones de euros (en estos dos últimos casos, si los fondos provienen de paraísos fiscales se considerarán igualmente inversiones extranjeras con independencia del importe invertido).

Pero además y como consecuencia directa del fuerte impacto de la crisis económica en nuestro país se aprobó la Ley 14/2013 de 27 de septiembre de apoyo a los emprendedores y su internacionalización, que se ha visto mejorada en algún aspecto por la Ley 25/2015 de Mecanismos de Segunda Oportunidad.

El objetivo principal de la precitada ley es favorecer el crecimiento económico y la creación de puestos de trabajo en nuestro país, facilitando la entrada y la residencia en España a inversores, investigadores, emprendedores y profesionales altamente cualificados, que se ven beneficiados por un programa específico que agiliza la concesión de visados y autorizaciones de residencia. Pudiendo acogerse solamente al mismo las personas físicas o jurídicas que no sean miembros de la Unión Europea o que no sean beneficiarios de los derechos de libre circulación y residencia.

Esta Ley define como inversores a aquéllos extranjeros que realicen una inversión significativa en España: entendiendo por tal la adquisición de activos inmobiliarios por un importe de 500.000 euros; acciones o participaciones de compañías, fondos de Inversión o depósitos bancarios por importe de 1 millón de euros, deuda pública por 2 millones de euros o desarrollo de proyectos empresariales de interés general para España.

Si bien la nueva Ley favorece la posible entrada de nuevos inversores en nuestro país, no debemos olvidar que ya contábamos en nuestro ordenamiento jurídico con mecanismos de entrada de capital extranjero que con el asesoramiento adecuado puede suponer una nueva vía de negocio.

María Jesús Represas
Área Legal

Tu idea vale lo que seas capaz de generar con ella.

Javier Represas¿Te gusta la propuesta? Tu idea tiene valor, la has desarrollado, testado, contrastado y pulido hasta poder presentarla limpia, siempre con algún matiz que resolver, pero ya dispuesta para lanzarse a competir por la financiación necesaria y desarrollarla. Lo que tú y tu equipo seáis capaces de generar con ella es el valor esperado, es la expectativa sobre la que se va a decidir la inversión. Es la propuesta de valor real que subyace a la propia esencia de la idea: vale lo que seas capaz de generar con ella.

Pues esta propuesta, es una falacia. Un engaño en el sentido estricto de la palabra.

Reflexiono sobre este tema a partir del artículo de mi buen amigo Carlos Otero, excelente como siempre, que en “El mito del valor de las ideas” (sep.2015) pone de manifiesto una de las más paradójicas situaciones que se encuentran los emprendedores: “las ideas no valen nada”. Coincido con él, por supuesto que valen. Carlos expone además un intuitivo método de valoración de ideas propuesto por el inversor Derek Sivers, y que se basa precisamente en relacionar la calidad de la idea (unicidad, originalidad, valor), con el nivel de ejecución de la misma. Os recomiendo su lectura: http://bit.ly/1LPJz43.

El concepto es muy claro, ideas geniales, con niveles de ejecución nulos, débiles, ya no digamos imposibles, no tienen valor.

Es a partir de aquí donde quiero continuar. La hipóteses de Sivers viene sesgada por la vinculación que de forma irrevocable realizan los inversores y en general todo el entorno de las startups, en la que la idea y su desarrollo serán pilotadas por el mismo equipo, autor promotor y ejecutor. En el mejor de los casos, se permite al inversor o aceleradora de turno la licencia de proponer “afinar” o complementar el equipo cuando claramente se observan deficiencias. Por cierto, incidiendo así en esa segunda variable de capacidad de ejecución y en consecuencia incrementando el valor de la propuesta.

Lo cierto es que fuera del sector, en el mundo real apuntaría alguno, las ideas tienen valor en sí mismas. Las ideas tienen un valor intrínseco. Carlos Otero apuntaba directamente a las patentes, un claro ejemplo del valor de las ideas. Y sin embargo, en la inmensa mayoría de los casos las patentes se encuentran en situación de capacidad de ejecución nula por parte de sus titulares. Otros ejemplos evidentes de la misma situación se da en tantos otros campos: investigación, farmacología, ingeniería aeroespacial o en el mundo de las artes, dónde los más grandes hits de la historia, han sido en su mayoría compuestos por otros autores.

Esta vinculación sería algo similar a comparar la idoneidad de unas zapatillas de deporte por la capacidad que tiene el diseñador de ganar con ellas una carrera. “Las zapatillas no valen nada“, en particular si en la calle de al lado participa Usain Bolt.

Vincular ambos conceptos (idea y ejecución) tiene todo el sentido, es más, debe ser una variable en su valoración la capacidad de llevarla a cabo, tal como expone Sivers, pero no necesariamente por el autor de la misma. En realidad, se trata de una trampa en la que ambas partes están de acuerdo. Los inversores no tienen ninguna intención de llevar ellos mismos las propuestas a cabo, pero menos aún los emprendedores, que pretenden construir sobre éstas sus proyectos.

Tan sólo grandes corporaciones, y más bien en otras latitudes, se prestan gustosas a escuchar ideas y desarrollarlas internamente en sus organizaciones (habitualmente con la participación del promotor). Ésto más bien se percibe aquí como una traición al espíritu del emprendimiento, cuando no como un robo.

Y así llegamos a la paradoja de tener que valorar el tándem idea-equipo, porque es el inversor quien marca la diferencia con su aportación de recursos frente a otros posibles dúos idea-equipo, quedando aún más reducido el peso de la idea, a menos de un tercio de los factores críticos multiplicadores y desvalijándola por completo si existe una incapacidad de llevarse a cabo por parte del autor. Si además se contemplan factores adicionales que contribuyan a desnudarla completamente (por este equipo, pero en este momento, en este lugar, con este marco regulatorio, con este apoyo institucional, etc.) la idea pierde todo su valor, lo tenga o no lo tenga, porque a tí y a mi, inversor y emprendedor, no nos sirve de nada.

Por ambas partes, hay multitud de alternativas. Una que siempre propongo es acudir a la industria a la que pertenece el proyecto, encontrar adecuados partners industriales capaces de extraer ese valor a las buenas ideas, pero no suele ser atractivo para las partes, que prefieren en todo caso, llamar a otra puerta casi idéntica a la anterior. En un foro al que acudí esta misma semana, Carmen José López, presidenta de la Federación Gallega de Jóvenes Empresarios, sacaba a colación las dificultades del emprendimiento industrial. Quizá en esa capacidad de ejecución está parte de la respuesta.

En definitiva, parece claro que en el mundo de las startups no funcionan los mercados de ideas porque en el fondo, no conviene a ninguno de los actores participantes.

Javier Represas