No tener formación financiera, es peor que no saber conducir.

Javier RepresasLamentablemente, la percepción no es esa. Si tiene carnet de conducir, podrá ir a cualquier sitio. Disponiendo de un vehículo, obviamente. Si no sabe conducir, encontrará alternativas para desplazarse. No es lo idóneo, pero no tendrá que lidiar con taxistas ni transportes que lo lleven donde usted no quiera ir, que le saqueen sus cuentas de ahorro, o que le pongan en situaciones tan graves como la pérdida de todo su patrimonio empezando por su vivienda.

La formación financiera se ha dejado de lado siempre. Al no formar parte de la enseñanza obligatoria, incluso para aquellos que hayan continuado sus estudios con una carrera universitaria, un máster o un doctorado en gran cantidad de disciplinas, pueden tener tantos conocimientos financieros como de lenguas muertas. Es más, incluso los que estudiaron ciencias puras, aprendieron en su día algo de latín.

Y no es que haya que saber latín para analizar la situación actual. Una gran parte de la población sobrevive sin recursos económicos suficientes. El complemento necesario es la financiación. Crédito hipotecario, vehículo financiado, tarjetas de crédito y cuando no se llega, préstamos personales. Estos últimos podemos clasificarlos entre la oferta normalizada que ofrece la banca y entidades financieras, que estamos viendo ya al 12, 13 o 14%, y los que, auténticos chiringuitos financieros, ponen a disposición de los excluidos del sistema, rozando o directamente saltándose la legislación vigente para que las tasas de interés equivalente anual (esto es, lo que usted pagará por que le presten el dinero, si todos los gastos asociados, incluidas comisiones y renovaciones entre otros, los ponemos en forma de tasa de interés anual) el conocido como TAE, pueda llegar a superar el 50%, y con ello los límites legales y morales definidos antaño como usura. Pero ojo, que el saldo en las tarjetas de crédito que dejamos en el escalón anterior, pueden estar costándole ya más de un 20%.

No tiene por qué ocurrirle. Si tiene un buen empleo y un salario razonable, podrá atender sobradamente los pagos de hipotecas y tarjetas de crédito. De ese cálculo se encargaban por usted en su oficina bancaria. De otra forma, no le prestarían el dinero. Teóricamente, porque lo que ocurrió es que millones de personas que antes podían pagar, después no pudieron. Entramparse en situaciones temporales, que acaban siendo permanentes, una avaricia corporativa desmedida y la falta de regulación y control en el sistema provocan el resto.

Tenga en cuenta ahora que además hay más de tres millones de autónomos, y muchos de ellos tienen los mismos conocimientos financieros que la media de la población. Si necesitan un vehículo o una máquina para trabajar, piden un préstamo. Leasing, renting, compra aplazada o financiada son términos difusos. El tema es poder pagar las cuotas y ponerse a trabajar. La legislación no ayuda, porque por definición, un trabajador autónomo no debiera poder arrastrar en su actividad profesional a la sociedad de gananciales. Sin embargo no se establece como requisito previo que los autónomos tengamos un régimen de separación de bienes, entre otras cosas, porque las entidades financieras, incluso en estos casos han venido obligando, perdón, pidiendo la firma voluntaria como avalista del cónyuge o pareja del agraviado. Igual ocurre en cantidad de micropymes, los temas financieros quedan en manos del gestor personal en el banco y la asesoría, que en la mayoría de los casos, es otro autónomo o micropyme que poco puede hacer más allá de contabilizarlo.

Con lo que cuesta ganar el dinero, sería terrible perderlo. La postura al respecto suele ser la más conservadora. Suprimir los riesgos de pérdida, porque con nuestra visión parcial y nuestros limitados conocimientos, el dinero es mucho más que un medio de pago, y no se puede perder. La mayoría de la población entiende que su dinero y sus ahorros representan el mismo concepto. Los más avezados, intuyeron que su ahorro podía estar también en forma de inmuebles. Burbuja inmobiliaria calentada por la banca, que no hace falta señalar como acabó. También por falta de supervisión y control. Pero no poner en riesgo el dinero (o los ahorros), poco tiene que ver con gestionarlo adecuadamente.

En estos años me he encontrado con ahorradores en formato “inmueble” que perdían dinero (o valor) sistemáticamente, empezando por tener los activos desocupados, pero teniendo la sensación de que en realidad estaban ganando mientras el resto perdía. Comprar por cien y vender por ciento cuarenta parece a priori un buen negocio. Imposible analizar en detalles con ellos que obtener una plusvalía bruta de cuarenta mil en cinco años, ya no era tan buen negocio una vez que la agencia pública detraía una cuarta parte, la administración municipal la suya y una vez incorporados los gastos de adquisición, tasación, registro, notario, agencia financiera, agente inmobiliario, y gastos propios del inmueble como mantenimiento, altas de servicios, otros impuestos municipales (IBI), comunidades (incluido impuesto de entrada de carruajes en su caso), etcétera, etcétera, apenas quedaba nada. Y no olviden la inflación; ni siquiera tomando como real el dato del IPC salen las cuentas. Sin embargo la sensación de cientos de miles de pequeños propietarios es la de estar haciendo un buen negocio y gestionando bien su patrimonio. Porque efectivamente, han sido cientos de miles, millones, los que han adquirido una segunda vivienda como refugio del ahorro. No puedo llamarlo inversión. Y lo cierto es que esta idea mantuvo durante casi una década al menos dos sectores: la banca y la construcción. De hecho, el primero de ellos continúa aún hoy obteniendo réditos de esa situación.

Alquilar una vivienda que en términos generales ofrece una rentabilidad media anual entre el 3% y el 4% no es una buena inversión. Ni siquiera es un buen negocio. Tiempo no contabilizado y gastos ocultos dedicados a mantener el inmueble y gestionar arrendamientos.

Obviamente un sentido de la propiedad tan arraigado y la falta de formación financuera contribuyeron a esta distorsión del mercado. Porque un inmueble es siempre de uno, y tener la propiedad, sentirse dueño, creer que se dispone de la capacidad de hacer lo que se quiera con él, pesa bastante más que todos los razonamientos sobre eficiencia y rentabilidad si no se contrastan con los criterios adecuados. Un inmueble se puede vender, incluso se puede dejar en herencia. Una posición en fondos o unas acciones también, pero para muchos no hay color.

Hace tiempo que llegué a la conclusión de que la capacidad de visualización de la inversión es un factor determinante. Un inmueble en el que uno pueda incluso meterse dentro, no necesita abstracción ninguna para visualizarlo. Está ahí. Es real. Tanto es así que las infografías suponen un paso enorme en la comercialización de activos inmobiliarios. La realidad virtual inmersiva resuelve todavía más el problema. Por su parte, los instrumentos financieros y los vehículos de inversión están lejos de esta idea. Para la mayoría, no se ven. Falta de formación que la legislación europea pretende paliar obligando a los asesores a formarse previamente a asesorar. A los mismos asesores que desde sus puestos en sus oficinas bancarias asesoran sobre los productos de la entidad a los clientes. Algo más de información debiera llegar al usuario ahorrador. Algo más de formación se hace necesaria.

¿Qué es una SICAv, una SOCIMI, una SII o como funciona la más simple de las sociedades patrimoniales? ¿Qué implica ser socio de una SL, de una SA o de una comunidad de bienes? ¿Y ser fondista? ¿Puedo tener mis ahorros en acciones? ¿Podría perderlo todo? ¿Y en fondos de inversión o planes de pensiones? Garantizados por supuesto, aunque no se sepa realmente qué implica eso. ¿Cómo tributan? ¿Cuál es su rentabilidad? ¿Qué significa liquidez? ¿Cómo hago líquido un inmueble? ¿Quedarme en renta fija es una opción? ¿Cuál es la velocidad de pérdida del poder adquisitivo? Mejor no hacer referencia ya a subordinadas, preferentes, clips, swaps y similares.

Es fácil entender por qué una compañía con un equipo profesional dedicado a mantener y poner en arrendamiento un parque de mil viviendas es más rentable que cientos de pequeños propietarios alquilando cada una de ellas por su cuenta. Incluso para el sistema público resulta más eficiente, transparente y rentable, de ahí que la legislación de todos los países esté orientada en la misma dirección, la profesionalización del sector.

Tenga en cuenta por ejemplo, que tan solo con que uno de cada diez de esos arrendadores que actúan de forma individual se equivoque con su inversión, el rendimiento global desaparece en comparación con una gestión profesional. No hay suficiente margen en un sector tan maduro. Y créame, son múltiples las posibilidades para equivocarse, empezando por el precio de adquisición, un mal momento, una mala adecuación, unos muebles o una decoración inadecuada, un precio de renta erróneo, tanto por alto como por bajo, una mala comercialización, períodos de inactividad o desocupación, mal mantenimiento, mala gestión tributaria con su correspondiente sanción, e incluso una mala salida o desinversión.

Su capacidad de ahorro, término que habrá oído en alguna oficina bancaria en más de una ocasión, no será determinante para su futuro si no está directamente ligada con una gestión eficiente de ese ahorro.

Quédese con una reflexión. Su salario, sus rendimientos del trabajo, normalmente se irán incrementando a lo largo de los años, por una mejor posición y experiencia pero básicamente para compensar el crecimiento del coste de la vida, con suerte unas décimas por encima del IPC. Si ha logrado ahorrar y mantiene en su banco una cantidad relevante por la que ya deba empezar a preocuparse, digamos cincuenta o cien mil euros entre cuentas corrientes o depósitos, y no quiere perder poder adquisitivo cada año, necesitará cada año hacer un esfuerzo mayor y una aportación mayor de su salario sólo para mantener el mismo poder adquisitivo que tiene hoy. Su incremento salarial, sea un 2% o un 3% en los mejores casos, no podrá compensar la caída de ese mismo 2% o 3% de sus ahorros. Si su dinero no es rentable, cada año perderá una cantidad mayor de la que consigue ganar con su esfuerzo. Y eso sin tener en cuenta todos los intereses que lastran nuestro resultado anual en diferentes formas, compras aplazadas, tarjetas, créditos, mientras luchamos por mantener los ahorros. Perdiendo poder adquisitivo, año tras año, hasta su jubilación.

Necesita poner en rentabilidad sus ahorros. Si no sabe cómo hacerlo, necesita formación financiera.

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La “niña bonita” de las inversiones

sebastian_ortega_120x71Estos días vienen siendo algo agitados para nosotros. De repente, nos encontramos participando intensivamente en una serie de eventos y reuniones destinadas a conectar a Argentina con inversores del resto del mundo, de cara a las oportunidades que se estarán presentando en los próximos años, y de eso quisiera comentarles hoy.

Argentina está en un proceso de apertura al mundo. En un misma semana, estuvimos presentes en una reunión en donde el Estado nacional presentaba una propuesta para invertir en fondos de inversión que apostaran a emprendimientos locales, luego estuvimos en una sesión privada con un fondo de inversión israelí (que maneja USD 1.200 millones) interesado en invertir en el mercado argentino, y ayer estuvimos en el panel de inversión de Red Innova en donde se habló específicamente de la nueva Ley PyME, la nueva Ley de Emprendedores, y la nueva Ley de Mercado de Capitales. Claramente, algo está pasando en esta parte del mundo.

doll_sebastian_ortegaUn punto curioso se dio en cierre del panel de Red Innova cuando se nos preguntó qué título podríamos sugerir para el mismo panel si se repitiera el año próximo, imaginando que para entonces, el país hubiera recibido una cantidad abundante de inversiones. Yo, a modo de juego, propuse “Argentina: ¿una burbuja a punto de estallar?”. La idea era jugar un poco con una situación que es deseada por nosotros como inversores (me refiero a las inversiones, no a una burbuja), como por todo el resto de los argentinos que queremos que las cosas vayan bien y el mundo nos acompañe. Sin embargo, más allá de la broma, había un trasfondo de reclamo de prudencia en aquel título que sugerimos, que vienen de las recomendaciones de los más sabios inversores del mundo. Pero antes de decirle qué es, le comparto una idea que va a servir para entenderlo mejor.

Antes de subir al panel, había visto en LinkedIn una placa anónima que decía: – “¿Cuál es el secreto de su éxito?” – ”Tomar buenas decisiones”. -”¿Cómo llegó a tomar buenas decisiones?” -”Experiencia”. “Cómo llegó a tener experiencia” – “Tomando malas decisiones”. De alguna forma, esto ilustra en forma simpática los distintos grados de madurez o experiencia que tienen las empresas (y las personas) en su vida. Hoy, en Argentina hay empresas que ya están listas para crecer en cuanto reciban el capital que necesitan, y hay otras que todavía están en la etapa de aprender. Eso es normal acá y en cualquier otra parte del mundo.

Pero volviendo a la pregunta inicial. ¿Qué pasaría si Argentina recibe un enorme flujo de inversiones de repente?”. Bueno, si después de dar financiamiento a todas las empresas que estaban bien preparadas para recibirlo, el dinero sigue sobrando, es posible que ese dinero de excedente termine en manos de empresas que estén aún en etapa de aprendizaje (las que todavía están tomando malas decisiones según el chiste). Y si sigue sobrando, llegará a las que estén menos preparadas que las que están en etapa de aprendizaje… y así siguiendo hasta que el dinero se acabe o se empiecen a ver los resultados.

Este razonamiento está basado en lo que pasó en el año 2000 cuando había muchas empresas que crecían gracias a que teníamos un modelo de negocio basado en tecnología, y los inversores comenzaron a invertir en ese sector sin discriminar cuáles eran las empresas que estaban mejor posicionadas para crecer y cuáles no, pero seguían invirtiendo con la idea de que las empresas “.com” eran la “niña bonita” (la preferida) de los inversores. A pesar que tanto fervor derivó luego en una crisis, para el 2007 se había vuelto a crear otra burbuja. Esta vez, la “niña bonita” era el mercado inmobiliario creciente en los Estados Unidos. Los bancos primero le prestaban dinero a sus clientes de siempre, pero cuando se les agotó ese mercado, comenzaron a prestarle a personas que no conocían y además eran muy riesgosas. A estos nuevos clientes de calidad inferior los llamaron “Sub-Prime” (como diría un amigo, no existen cosas “malas” sino “casi buenas”).

En ambos casos, existió una muy buena razón para que el sector se convirtiera en el favorito de los inversores. Hubo muchas empresas “.com” que sí terminaron convirtiéndose en aquello que prometían (las 5 empresas más grandes de hoy de la bolsa norteamericana – Apple, Google, Microsoft, Amazon y Facebook – son todas empresas tecnológicas) y también hubieron créditos de muy buena calidad durante el boom inmobiliario. El problema es que cuando hay mucho más dinero que buenas oportunidades, algunos inversores siguen apostando al sector sin discriminar lo bueno de lo “casi bueno” (como diría mi amigo), generando un efecto adverso en el largo plazo. Warren Buffett suele decir que “una burbuja se produce cuando existe una premisa razonable, cuyo entusiasmo se extiende a niveles mucho más allá de lo razonable”.

El lunes, en la Gala de Endeavor – una de las principales organizaciones de nivel internacional enfocadas en promover a los emprendimientos de alto impacto – el tema principal de conversación entre los asistentes fue el ferviente interés que está generando la Argentina en los inversores de todo el mundo. Era razonable: es un país con mucho talento emprendedor que durante años estuvo imposibilitado de poder alcanzar su máximo potencial. Todo sonaba bien, hasta abrí los ojos a más no poder cuando uno de los asistentes de la Gala me dijo: “Y… hoy Argentina es la “niña bonita” de las inversiones”. De repente, todas las ideas de los párrafos anteriores se me pasaron por la mente en un abrir y cerrar de ojos. Por suerte, tenemos mucho espacio por delante para hacer las cosas bien y sacar a relucir lo mejor que tenemos, y los inversores podemos subirnos a eso. Espero que también pueda aprovecharlo.

Firma invitada: Sebastián Ortega
Doctor en Dirección de Empresas, MBA en Mk internacional, Fundador y CEO en South Ventures, Fundador y director ejecutivo del Club de Inversores Ángeles IG
Más info en www.igangels.com 

En Twitter @sportega

¿Es tu startup invertible? Y la respuesta depende mucho de la calidad de tu Business Angel

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A la creciente popularidad del emprendimiento algunos le reprochan que comienza a alcanzar grado de burbuja y otros advierten no “haber visto tanta tontería junta” como ahora. En la tele del restaurante donde escribo veo que un programa de TVE especializado en nuevos emprendedores emite imágenes de un ring de boxeo reconvertido en ring depitching y que los directores de dicho programa parecen confundir el coaching ejecutivo y elstartup coaching, utilizando como reclamo para el programa nada menos que a Pilar Jericó…Igual es verdad: hay demasiada tontería y esto es señal inequívoca de que se avecina una burbuja

Mientras tanto, la distorsión conceptual típica de los mass media ha logrado popularizar la idea de que cualquier emprendedor tiene que emplearse a fondo en pitchear a diestro y siniestro, en hacerse el gran tour nacional de Investor’s day a lo largo de las 17 comunidades autónomas patrias, los 365 días al año. Y esto me parece más preocupante, porque supone una importante ineficiencia para el ecosistema emprendedor y una dolorosa pérdida de tiempo y dinero para los emprendedores que no se ajustan a los cánones de la startup invertible.

Una startup invertible es aquella que cumple las condiciones mínimas para que un business angel o una sociedad de capital riesgo puedan y quieran invertir en ella.

Ya sé que esta definición es injusta, porque el término invertible es genérico, no parece hacer referencia a ningún contexto concreto. Tal y como se usa en el sector, invertibilidad es una de esas metonimias que toman la parte por el todo. En realidad deberíamos decir “startup invertible por business angels o capital riesgo” pero ya sabes: la vida es demasiado corta como para perder el tiempo en detalles. :-)

Lógicamente, business angels y capital riesgo no son los únicos inversores posibles para una compañía que comienza. Si tu próxima compañía no resulta atractiva para el ecosistema que invierte en startups eso no quiere decir que sea una mala compañía o que no sea sostenible, simplemente podría tener que ver con que no ofreces un crecimiento suficientemente rápido para que resulte atractiva al ecosistema inversor en startups. Y eso tiene que ver no tanto con tu negocio como con el negocio de ellos.

Hay unos 6 criterios que todo business angel ha de tener en cuenta cuando analiza un proyecto nuevo, pero en esta ocasión no entraré en ese nivel de detalle porque esas 6 palancas conducen inexorablemente al crecimiento rápido y escalable del valor de la startup. Y cada business angel tiene (o debería tener si no quiere perder su capital) un criterio financiero de invertibilidad, que enseguida veremos que está basado en la tasa de revalorización de la cartera de proyectos en que invierte y en su ratio de éxito inversor personal.

Al igual que hacen los inversores en bolsa, los business angels han aprendido a gestionar el riesgo de sus inversiones de manera estadística, invirtiendo poco dinero en muchas startups (>=10) y aspirando a que, como conjunto, tengan una rentabilidad media no inferior a una cierta TIR (Tasa Interna de Retorno), llamada TIR de portfolio o TIR de cartera. De este modo, aunque algunas startups terminen siendo fallidas, otras se revalorizarán a gran velocidad, “pagando los platos rotos” de las primeras, devolviendo su propia inversión y la plusvalía de cartera esperada por el business angel.

Como puedes imaginar, existe una relación matemática directa entre la TIR de portfolio esperada por el business angel y la TIR de startup que tú has de ofrecerle para formar parte de su cartera. Startups de crecimiento lento ofrecen TIR bajas, de modo que aún siendo sostenibles y rentables, no son capaces de “pagar los platos rotos” de las otras startups fallidas. No es que esas startups lentas no sean buenas startups, es que no compensan el bajo ratio de éxito del business angel. En otras palabras, no son invertibles (por el business angel).

Cada business angel establece una TIR de startup mínima por debajo de la cual no considera que tu startup sea invertible por él.

Ya introduje el concepto de TIR en el artículo Cuánta TIR tienes que ofrecer a tu business angel y allí expliqué la diferencia entre la TIR de startup y la TIR de portfolio o cartera. En aquel artículo analizamos el caso de David Rose, un afamado business angel americano que opera en el ámbito de Silicon Valley y que reconoce que hoy la ratio de éxito en aquel ecosistema se acerca a 1:20, esto es, 1 de cada 20 startups en las que se invierte va bien y las otras 19 quiebran, no logran devolver el dinero rápidamente o están en break even permanente (que desde el punto de vista del business angel se diferencia poco de haber perdido su inversión, ya que no hay estimación alguna de cuándo la compañía podrá retornarle beneficio).

También vimos entonces que David Rose, como la mayor parte de los ángeles americanos o británicos, esperan una TIR de portfolio de alrededor del 26%. Nuestros cálculos de entonces estimaban que, en esas condiciones, una startup tendría que ofrecer a Rose una TIR del 242% para un exit en 3 años. Ese sería, por tanto, el criterio de invertibilidad de Rose y startups más lentas no tendrían interés financiero para él.

Podemos generalizar ese caso de Silicon Valley para aplicarlo a otros ecosistemas menos exigentes o desarrollados, como el español, por ejemplo. Para ello basta establecer una expresión matemática que explique la TIR de startup, TIRS, a partir de los dos parámetros del inversor: su TIR de portfolio, TIRP, y su ratio de éxito, R.

Fórmula que relaciona la TIR de startup con la TIR de portfolio de un business angel

Con esta herramienta y los dos parámetros fundamentales de todo business angel puedes predecir fácilmente si tiene sentido para tu proyecto que te lances a pitchear o que busques financiación ajena a este ecosistema tan especial.

Con qué TIR tienes que acudir a Cabiedes & Partners una startup invertible

Un ejemplo hará la matemática más digerible y nos ayudará a entender y comparar nuestro ecosistema español con el americano. Y no se me ocurre mejor ejemplo de business angelespañol que Cabiedes & Partners, la empresa de Luis Martín y José Martín Cabiedes (entre otros), un indiscutible icono de la inversión temprana en nuestro país.

A tenor de lo que cuenta Luis Martín Cabiedes en sus presentaciones públicas y en diversas entrevistas, su ratio de éxito no es mejor que 2 startups de éxito de cada 10, esto es, R=20%. Cabiedes afirma que tras 15 años de experiencia inversora no ha sido capaz de mejorar este parámetro de negocio por más experiencia y conocimiento que ha podido acumular en ese tiempo.

Por otra parte, Luis Martín Cabiedes afirma que espera una honesta TIRP=15% y que le parece razonable salir de una inversión en t=4 años, o menos.

Con esos datos ya podemos calcular la TIRS mínima que los Cabiedes deberían exigir a una startup que aspire a ser invertida por Cabiedes & Partners.

Fórmula que relaciona la TIR de startup con la TIR de portfolio de Cabiedes & Partners

e incluso establecer una comparativa entre Silicon Valley y España, igualando los tiempos de inversión a 4 años.

Rose Cabiedes
TIRP 26,0% 15,0%
t 4,00 4,00
R 5,0% 20,0%
TIRS 166,5% 71,9%

A qué ritmo tiene que crecer una startup invertible

Aunque la TIR de startup es una magnitud bastante intuitiva (equivale a la tasa de interés de un plazo fijo que se comportase como tu startup), conviene aclarar qué crecimiento palpable supone para tu proyecto que en tu business plan aparezca publicada una TIR del 72%, por ejemplo.

Una alternativa muy intuitiva usada por los business angels es el tiempo que tarda una startup en multiplicar por 10 el valor pactado que tenía en el momento de la inversión. A pesar de su apariencia compleja, la fórmula siguiente no es difícil de derivar de la presentada anteriormente y permite calcular ese tiempo t10x (en años).

Fórmula que calcula el tiempo en años que una startup tarda en multiplicar por 10 su valor a un cierto valor de TIR

Por ejemplo, Rose y Cabiedes buscan multiplicar por 10 sus inversiones en los tiempos siguientes.

Rose Cabiedes
t10X 2,3 años 4,2 años

Como ves, los tiempos resultantes son coherentes con sus estrategias de 3 y 4 años para el exit, respectivamente.

Busca el business angel que se ajuste a tu proyecto

Este artículo es en gran medida una respuesta debida a mis alumnos de Lean Startup del Executive MBA en la escuela de negocios Eseune de Bilbao. Visualizaron pacientemente los vídeos de Cabiedes, reflexionaron sobre la invertibilidad de sus proyectos fin de master y uno de ellos enunció un corolario muy interesante, que refraseo así: “esta herramienta debería servir no tanto para descartar mi proyecto como para elegir bien el business angelque me encaja”.

Y tiene razón mi alumno, porque Rose y Cabiedes son representantes de clase pero eso no quiere decir que todos los business angels de su clase se comporten miméticamente en cuanto a TIRP y R. En general podemos decir que cuanto menor sea la TIR de portfolio esperada y mejor sea la tasa de éxito del business angel, más abierto estará a invertir en startups de crecimiento no-tan-rápido.

Además, la misma popularización insensata que ha llevado a muchos emprendedores a considerar que su única alterantiva es el pitching a business angels, está llevando a muchas personas con dinero ocioso a convertirse de la noche para la mañana en business angels, por supuesto sin oficio y, casi seguro, sin beneficio. Estos inversores noveles a menudo ignoran las reglas más básicas del negocio, realizando inversiones sin base estadística (1 o 2 startups) y equiparando así la TIR de portfolio que esperan obtener a la TIR de startup que exigen.

Desde el punto de vista del emprendedor, estos inversores parecen una oportunidad, ya que no exigen una TIRS muy alta y tampoco tienen un criterio inversor elaborado, que pueda descubrir fácilmente debilidades en el modelo de negocio actual. No cabe duda de que son una oportunidad, pero no olvides que la falta de experiencia de tu inversor puede convertir en un infierno la coexistencia ulterior. No en vano ha invertido todo su dinero únicamente en tu startup e ignora (o desestima) que es altamente probable que la cosa salga mal.

O no busques un business angel

Y, finalmente, si tu negocio no puede crecer con una TIR del 72% o tú personalmente prefieres diseñar un crecimiento menos turbulento, no busques un business angel para financiarte. Hay otras alternativas mucho más razonables y, por cierto, mucho más frecuentes.

Si ya estás facturando consistentemente y tienes buenas métricas de sostenibilidad, el préstamo bancario puede ser una solución magnífica. A diferencia de los business angels, los bancos buscan denodadamente certidumbre, modelos de negocio probados y métricas finalistas (ingresos recurrentes, beneficio). Aunque el préstamo pone todo el riesgo financiero sobre ti o sobre tu startup también es cierto que no interviene para nada en tu control sobre el capital.

Otra alternativa mucho menos popular pero muy eficaz es la del inversor industrial, probablemente un competidor o un cliente tuyo que considera que tu solución es magnífica y está interesado en participar del crecimiento de tu empresa. Es una opción algo más complicada, porque no existe un ecosistema fluído y oficial donde presentar y difundir proyectos, pero suele contar con ratios de éxito mucho mejores que los comentados y ofrece, a menudo, un canal comercial bien establecido y fidelizado que permite el desarrollo rápido de una buena idea innovadora.

Por último, hay numerosas fuentes de financiación pública (ayudas, créditos blandos) gestionadas con criterios no estrictamente financieros, lo que puede permitir en muchos casos desarrollar una idea de negocio hasta el punto de validar empíricamente su capacidad para vender y crecer en un mercado. Búscalas sobre todo en esas fases tempranas en que casi nadie parece dispuesto a apostar por tu idea.

Otros criterios  de invertibilidad más allá de la TIR minima

El criterio de la TIRS mínima debería hacer reflexionar a muchos si tiene sentido seguir invirtiendo sus esfuerzos en recorrer el amplio mapa del ecosistema de capital semilla patrio a golpe de pitch. Con ese ánimo se plantea este artículo.

Pero incluso cuando una startup presenta un business plan y unas métricas empíricas creíbles, con una TIRS que satisfaría a cualquier business angel, puede no ser completamente invertible por múltiples razones secundarias y –a menudo– específicas de cada inversor.

La temática o la industria en que se encuadra la startup es otro de esos criterios importantes. Incluso inversores poco intervencionistas como Cabiedes se especializan en una cierta industria y descartan proyectos atractivos si están fuera de su zona de confort experiencial.

La sintonía personal con los emprendedores es crucial. Aunque un inversor debería ser consciente de que existen muy diversos perfiles humanos que pueden alcanzar el éxito emprendedor, no resultará fácil avanzar en el proceso de negociación inicial si aparecen tensiones relacionadas con apreciaciones personales en cualquiera de los dos lados.

El momento macroeconómico es una variable externa muy adversa para el emprendedor, que puede conducir a minimizar riesgos en el lado inversor o incluso a desinvertir a gran velocidad. En esas circunstancias incluso un proyecto prometedor sobre el papel puede tener difícil conseguir la financiación deseada o conseguir financiación de los inversores deseados.

La existencia de peces gordos dispuestos a entrar en (o recién llegados a) proyectos competidores del tuyo puede suponer un enorme freno a tus aspiraciones a ser invertido. Cuando peces gordos financieros como Rocket Internet invierten decenas de millones de euros en proyectos similares al que tu pretendes financiar es posible que tu potencialbusiness angel decida no proseguir con las negociaciones, espantado por la enorme cantidad de dinero que tendrá que poner en juego para estar a la altura de la potencia inversora del pez gordo, incluso aunque el proyecto elegido por el pez gordo sea netamente inferior al tuyo.s

Por último, y aunque el trabajo de los business angels profesionales consiste precisamente en investigar a fondo la calidad competitiva del proyecto en que pretenden invertir, el coste de analizar un proyecto puede a veces suponer una fricción importante para el inversor. Si tu proyecto se sale ligeramente del área de conocimiento y experiencia o si hay que recorrer grandes distancias para evaluar los proyectos competidores es posible que la pereza le haga optar por candidatos “más fáciles”.

Mucha suerte en tu busca de financiación.

Firma invitada: Carlos Otero Barros
Profesor, conferenciante, divulgador, emprendedor y startup coach.
Más publicaciones de Carlos en su blog Odisea Digital.
Más sobre Carlos, en coterobarros.com

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¿Qué se entiende por inversión extranjera en España?

María Jesús RepresasEl Real Decreto 664/1999 de 23 de abril sobre Inversiones Exteriores, traslada a la legislación española los principios de plena libertad de movimientos de capital y pagos entre los Estados miembros de la Unión, como entre estos y terceros países proclamados en el Tratado de Maastricht.

El criterio que establece el precitado Real Decreto para determinar quién puede ser titular de una inversión extranjera es el de residencia, es decir, se consideran inversiones extranjeras las realizadas en España por personas físicas no residentes en España, así como las inversiones extranjeras realizadas en España por personas jurídicas o entidades públicas que tenga su domicilio en el extranjero. Se establece por tanto un criterio de presunción, de tal modo que se considerará residente en España a las personas físicas de nacionalidad española y a las personas jurídicas con domicilio en España salvo prueba en contrario.

En lo que respecta propiamente al concepto de inversión extranjera, considera inversión extranjera la realización de cualquiera de las siguientes operaciones:

i) la constitución de sociedades
ii) la suscripción total de acciones o participaciones sociales
iii) la adquisición de valores que por su naturaleza den derecho a participar en el capital social o por los que se adquieran derechos políticos
iv) la participación en fondos de inversión inscritos en la CNMV
v) la adquisición de inmuebles cuando el importe total supere los tres millones de euros
vi) la constitución o participación en cooperativas, comunidades de bienes o fundaciones cuando el importe total supere los tres millones de euros (en estos dos últimos casos, si los fondos provienen de paraísos fiscales se considerarán igualmente inversiones extranjeras con independencia del importe invertido).

Pero además y como consecuencia directa del fuerte impacto de la crisis económica en nuestro país se aprobó la Ley 14/2013 de 27 de septiembre de apoyo a los emprendedores y su internacionalización, que se ha visto mejorada en algún aspecto por la Ley 25/2015 de Mecanismos de Segunda Oportunidad.

El objetivo principal de la precitada ley es favorecer el crecimiento económico y la creación de puestos de trabajo en nuestro país, facilitando la entrada y la residencia en España a inversores, investigadores, emprendedores y profesionales altamente cualificados, que se ven beneficiados por un programa específico que agiliza la concesión de visados y autorizaciones de residencia. Pudiendo acogerse solamente al mismo las personas físicas o jurídicas que no sean miembros de la Unión Europea o que no sean beneficiarios de los derechos de libre circulación y residencia.

Esta Ley define como inversores a aquéllos extranjeros que realicen una inversión significativa en España: entendiendo por tal la adquisición de activos inmobiliarios por un importe de 500.000 euros; acciones o participaciones de compañías, fondos de Inversión o depósitos bancarios por importe de 1 millón de euros, deuda pública por 2 millones de euros o desarrollo de proyectos empresariales de interés general para España.

Si bien la nueva Ley favorece la posible entrada de nuevos inversores en nuestro país, no debemos olvidar que ya contábamos en nuestro ordenamiento jurídico con mecanismos de entrada de capital extranjero que con el asesoramiento adecuado puede suponer una nueva vía de negocio.

María Jesús Represas
Área Legal

Tu idea vale lo que seas capaz de generar con ella.

Javier Represas¿Te gusta la propuesta? Tu idea tiene valor, la has desarrollado, testado, contrastado y pulido hasta poder presentarla limpia, siempre con algún matiz que resolver, pero ya dispuesta para lanzarse a competir por la financiación necesaria y desarrollarla. Lo que tú y tu equipo seáis capaces de generar con ella es el valor esperado, es la expectativa sobre la que se va a decidir la inversión. Es la propuesta de valor real que subyace a la propia esencia de la idea: vale lo que seas capaz de generar con ella.

Pues esta propuesta, es una falacia. Un engaño en el sentido estricto de la palabra.

Reflexiono sobre este tema a partir del artículo de mi buen amigo Carlos Otero, excelente como siempre, que en “El mito del valor de las ideas” (sep.2015) pone de manifiesto una de las más paradójicas situaciones que se encuentran los emprendedores: “las ideas no valen nada”. Coincido con él, por supuesto que valen. Carlos expone además un intuitivo método de valoración de ideas propuesto por el inversor Derek Sivers, y que se basa precisamente en relacionar la calidad de la idea (unicidad, originalidad, valor), con el nivel de ejecución de la misma. Os recomiendo su lectura: http://bit.ly/1LPJz43.

El concepto es muy claro, ideas geniales, con niveles de ejecución nulos, débiles, ya no digamos imposibles, no tienen valor.

Es a partir de aquí donde quiero continuar. La hipóteses de Sivers viene sesgada por la vinculación que de forma irrevocable realizan los inversores y en general todo el entorno de las startups, en la que la idea y su desarrollo serán pilotadas por el mismo equipo, autor promotor y ejecutor. En el mejor de los casos, se permite al inversor o aceleradora de turno la licencia de proponer “afinar” o complementar el equipo cuando claramente se observan deficiencias. Por cierto, incidiendo así en esa segunda variable de capacidad de ejecución y en consecuencia incrementando el valor de la propuesta.

Lo cierto es que fuera del sector, en el mundo real apuntaría alguno, las ideas tienen valor en sí mismas. Las ideas tienen un valor intrínseco. Carlos Otero apuntaba directamente a las patentes, un claro ejemplo del valor de las ideas. Y sin embargo, en la inmensa mayoría de los casos las patentes se encuentran en situación de capacidad de ejecución nula por parte de sus titulares. Otros ejemplos evidentes de la misma situación se da en tantos otros campos: investigación, farmacología, ingeniería aeroespacial o en el mundo de las artes, dónde los más grandes hits de la historia, han sido en su mayoría compuestos por otros autores.

Esta vinculación sería algo similar a comparar la idoneidad de unas zapatillas de deporte por la capacidad que tiene el diseñador de ganar con ellas una carrera. “Las zapatillas no valen nada“, en particular si en la calle de al lado participa Usain Bolt.

Vincular ambos conceptos (idea y ejecución) tiene todo el sentido, es más, debe ser una variable en su valoración la capacidad de llevarla a cabo, tal como expone Sivers, pero no necesariamente por el autor de la misma. En realidad, se trata de una trampa en la que ambas partes están de acuerdo. Los inversores no tienen ninguna intención de llevar ellos mismos las propuestas a cabo, pero menos aún los emprendedores, que pretenden construir sobre éstas sus proyectos.

Tan sólo grandes corporaciones, y más bien en otras latitudes, se prestan gustosas a escuchar ideas y desarrollarlas internamente en sus organizaciones (habitualmente con la participación del promotor). Ésto más bien se percibe aquí como una traición al espíritu del emprendimiento, cuando no como un robo.

Y así llegamos a la paradoja de tener que valorar el tándem idea-equipo, porque es el inversor quien marca la diferencia con su aportación de recursos frente a otros posibles dúos idea-equipo, quedando aún más reducido el peso de la idea, a menos de un tercio de los factores críticos multiplicadores y desvalijándola por completo si existe una incapacidad de llevarse a cabo por parte del autor. Si además se contemplan factores adicionales que contribuyan a desnudarla completamente (por este equipo, pero en este momento, en este lugar, con este marco regulatorio, con este apoyo institucional, etc.) la idea pierde todo su valor, lo tenga o no lo tenga, porque a tí y a mi, inversor y emprendedor, no nos sirve de nada.

Por ambas partes, hay multitud de alternativas. Una que siempre propongo es acudir a la industria a la que pertenece el proyecto, encontrar adecuados partners industriales capaces de extraer ese valor a las buenas ideas, pero no suele ser atractivo para las partes, que prefieren en todo caso, llamar a otra puerta casi idéntica a la anterior. En un foro al que acudí esta misma semana, Carmen José López, presidenta de la Federación Gallega de Jóvenes Empresarios, sacaba a colación las dificultades del emprendimiento industrial. Quizá en esa capacidad de ejecución está parte de la respuesta.

En definitiva, parece claro que en el mundo de las startups no funcionan los mercados de ideas porque en el fondo, no conviene a ninguno de los actores participantes.

Javier Represas