Tengo una idea, busco inversor. Puedo esperar.

Javier RepresasCumplimos ahora algo más de doce años trabajando con emprendedores, desde nuestros inicios, siempre hemos apostado por el desarrollo de proyectos nuevos, la mayoría muy volcados en la red, la mayoría en manos muy jóvenes, y todos ellos seleccionados con mejor o peor acierto de entre cientos de propuestas, tanto generadas internamente como las que nos han ido llegando a lo largo de estos años, empezando como no, emprendiendo.

No cabe duda de que los emprendedores viven un momento de empacho social, esperanza colectiva de una economía en crisis, son los nuevos salvadores de la patria. La guerra contra el déficit, la deuda pública, la prima de riesgo y lo que opinan los mercados la van a solucionar batallones de emprendedores armados de tablet y smartphone, antaño portátil y móvil, o algo antes lápiz y papel, para hacer lo mismo que han hecho los emprendedores desde que Ulises se embarcó en busca de nuevos horizontes: la búsqueda continua, el empeño, las ganas y la ilusión al servicio del reto.

Y no es baladí empezar a hacer distinciones. Si no es de una manera, es de otra. Un emprendedor no se rinde jamás. Evoluciona, aprende, se reinventa y continúa adelante, algunas veces con el mismo proyecto, la mayoría con nuevos retos o reformulaciones, y siempre con el aprendizaje fruto de la experiencia que aporta la lucha diaria. Ahora que los emprendedores empiezan a ser reconocidos socialmente, e incluso se distinguen en formas y fondo de la tan poco estimada figura del empresario, se reparten etiquetas de emprendedor a destajo y peligrosamente todo cabe bajo el paraguas de la marca emprendedor.

Vienen estas líneas a colación a raíz de la corriente de transfuguismo emprendedor que vivimos y que para centrarnos en el título de este artículo, se detecta en la muchos casos por la inactividad operativa absoluta de emprendedores en stand by que dedican todo su esfuerzo a la búsqueda de financiación, mejor dicho, de inversión, porque tampoco resulta ser solución un capital que haya que devolver, y sólo la entrada de fondos parece poder activarlos. Es obvio que para muchos proyectos es indispensable disponer de capacidad económica suficiente para llevarlos a cabo, pero muchos otros no exploran las alternativas. Las que no existían hace unos años y ahora parecen estar situadas en el primer escalón a subir. Es increíble la cantidad de nuevos proyectos que plantean la búsqueda de fondos partiendo exclusivamente de la idea, sin haber puesto un pie en casa de ningún cliente, sin conocer la competencia o sin haber hecho un mínimo estudio de mercado, para el que también solicitan inversión externa.

Cada vez más difícil, con menos fondos disponibles y más emprendedores y pseudo emprendedores a la caza de éstos, se ponen en valor los proyectos de aquellos que además de buscar financiación, recurso indispensable, buscan partners, socios, colaboradores, y sobre todo clientes. Perseverancia y mucho ánimo a los que sabéis de lo que hablamos.

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